miércoles, 18 de noviembre de 2015

Los alimentos para el ser humano

El ser humano puede ingerir a modo de alimento casi cualquier cosa, desde secreciones mamarias (leche) hasta cristales minerales (sal común), pasando por frutos flores, semillas, tallos, hojas, raíces, algas, hongos, huevos de peces o de aves, y cuerpos muertos de diversos animales.

Todos estos productos más o menos procesados, dan lugar a los miles de alimentos diferentes que se expenden en el comercio.

El echo de que podamos comer toda esta variedad de alimentos, ¿significa que son todos ellos igualmente aptos para el consumo humano?¿existe acaso una alimentación idónea para los humanos, que además de nutrir conserve la salud y evite las enfermedades?

Casualidad o proyecto inteligente.

El ingeniero ha terminado su trabajo. El reluciente motor acabado de construir se halla sobre el banco de pruebas a punto de funcionar por primera vez.

-Aquí está el tipo de combustible que se debe emplear para este motor -dice el ingeniero a sus colaboradores-. Ningún otro dará un resultado óptimo. ¡Ah, y no os olvidéis del aceite: tiene que ser precisamente de esta clase!

Solamente quien haya proyectado y construido un motor podrá recomendar con pleno conocimiento de causa el tipo de combustible y de aceite que su mecanismo necesita.

Alimentos especialmente recomendados.

¿Y qué ocurre con el ser humano? Si su aparición en el planeta Tierra es una consecuencia casual e imprevista del azar evolutivo, entonces no debería existir para él una alimentación idónea; simplemente, se habría ido adaptando a los alimentos disponibles, y con cualesquiera que estos fueran, acabaría funcionando todo bien y gozando de buena salud.

Sin embargo, si el ser humano ha sido creado por una inteligencia superior, de acuerdo con un plan y un propósito, debería haber también unos alimentos especialmente creados para su buen funcionamiento fisiológico. Muchos creyentes encuentran la respuesta a estos interrogantes en los primeros capítulos del Génesis, donde se dice que las hierbas que dan semillas, es decir los cereales y en sentido amplio también las legumbres, los frutos de los árboles, y las verduras y hortalizas que se añadieron después, constituyen la dieta idónea para la especie humana.



Adaptación si, pero sin prescindir de los alimentos necesarios.

El ser humano posee una gran capacidad de adaptación fisiológica a diversos tipos de alimentación. A pesar de ello, la ciencia de la nutrición nos muestra que existen ciertos alimentos de los cuales no se puede prescindir, como son las frutas y las verduras y hortalizas frescas, Cualquier dieta no puede proporcionar buena salud. Por mucho que nos adaptemos a ciertos alimentos que no son los ideales, como ocurre con los de origen animal, seguimos necesitando los vegetales, que son precisamente los más saludables e idóneos. Así, por ejemplo, los esquimales de Alaska, que se han adaptado a una dieta rica en pescado, sufren numerosas enfermedades crónicas debido a su escasa ingesta de frutas y hortalizas.

Bibliografía:
Pamplona Roger, Jorge D. El poder medicinal de los alimentos. Madrid: Safeliz, 2003. ISBN: 84-7208-149-4
Pamplona Roger, Jorge D. "El poder curativo de los alimentos"En: El poder medicinal de los alimentos. Madrid: Safeliz, 2003, p. 19-21.

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